Déjame Contarte una Historia: Maestro Togo


Hasta ahora había conocido al Maestro Togo debido al viaje a Cantha para ayudar en los acontecimiento ocurridos con el regreso de Shiro Tagachi. Cierto es que la información que he tenido sobre él me fue dada según se fueron sucediendo los acontecimientos, y ahora tenía la oportunidad de conocer la historia que sin duda ha hecho de él una leyenda.

Por todos es sabido que Togo es hijo del emperador Kintah y de la concubina Yuki. Creció por ello en el Palacio de Raisu y ayudó a su hermanastro Kisu, también hijo del Emperador Kintah a convertirse en el siguiente Emperador. Cuando esto ocurrió, Togo partió al Monasterio de Shing Jea y allí llegó a ser jefe del monasterio.

Togo es un gran Ritualista y nunca dejó de ser el hombre de confianza del Emperador.

Con estos conocimientos sobre él, recogí el libro de su historia de manos de Durmand en Arco de León, y con él, el historiador me entregó también su báculo. Estaba claro que tendría que usar éste y no mis propias armas para que el libro entregado pudiera llevarme a algún acontecimiento concreto de su vida que marcó la diferencia y el reconocimiento que hoy tiene este maestro.

El nombre de Togo es conocido en toda Cantha. No hay nadie que no sepa quién es ya sea en palacio, o el cualquier otro rincón del continente. Los Tengu son los primeros que hablan maravillas de él y le consideran su salvador. Gracias a él las Guerras Tengu llegaron a su fin. Precisamente sobre esta guerra mis conocimientos eran mínimos. Lo que sí sabía es que durante años, los habitantes de Cantha habían estado en peleas continuas con esta orgullosa raza, los Tengu. Al parecer, siendo joven, el propio Togo tuvo que luchar contra ellos conociendo perfectamente cómo eran como enemigos.

Cuando el conflicto parecía que iba a empeorar aún más, al parecer por fin Wona, el Ministro de Guerra del Emperador, que hasta ahora había luchado contra los Tengu durante años, sorprendió a todos cuando se puso en contacto con los líderes Tengu para solicitar una reunión formal en su finca. El Maestro Togo, creyó que aquella era una oportunidad importantísima y no podía faltar a una cita así, por lo que su presencia allí justificaría además las intenciones de Wona a los ojos de los propios Tengu. Había una reunión, había una posibilidad de paz y de acabar con un problema que ya duraba demasiado.

Así que el Maestro Togo y una Delegación Imperial se presentó en la finca con la esperanza de servir de intermediario entre los hombres y los Tengu. Nunca, jamas se hubiera esperado que aquella reunión fuera solo una traición por parte de la casa de Wona.

Convertido en el Maestro Togo, en la finca del Ministro de Guerra Wona

Tras sujetar el báculo del maestro y activar el libro, aparecí como el Maestro Togo aproximándome a la casa del ministro Wona acompañado de un par de guardias reales de Cantha.

El lugar parecía muy alto y con unas vistas increíbles. Tras subir la colina, alcanzamos la entrada de la gigantesca casa donde los guardias del ministro nos reciben y nos invitan a entrar.

En la casa del Ministros de Guerra Wona, con la reunión de los Tengu, Cantha

Tras acceder al interior, puedo ver en el centro de la sala a dos grupos de Tengu separados entre si, del lado derecho los Tengu Angchu: Talon Aladeacero y Swift Garranoble y justo enfrente los Tengu Sensali: con su principal jefe Gul Picodegarfio. Ambas facciones no están muy de acuerdo entre sí, los Sensali son mucho más belicosos que los Angchu.

Tras entrar a la gran sala hablo con ambas delegaciones, y es al acabar cuando el Ministro de Guerra Wona hace aparición en la sala.

Con el Ministro de Guerra Wona, Cantha

Tras un breve discurso por su parte, me acerco a pedirle su opinión al respecto de las Guerras Tengu igual que he hecho con los propios Tengu presente. Lo que no espero es su respuesta: está allí para acabar con esas disputas e impedir que se siga derramando sangre humana, y aunque está dispuesto a hablar, los prefiere a todos muertos.

Tras esa orden, se nos echan encima los guardias del propio ministro. Esto es sin duda una traición en toda regla. Usando las habilidades de Ritualista, ayudo a los Tengu a sobrevivir al ataque mientras el ministro huye de la sala esperando que la confrontación acabe mal para nosotros.

Una vez acabamos con la guardia, los Tengu parecen dispuesto a ayudarme. No se fían aún de mi, pero al menos, uno de ellos: Talon Aladeacero se ofrece a acompañarme para localizar al ministro y poner fin a la traición.

Tras salir de la sala, avanzamos por el pasillo localizando a pequeños grupos de guardias que logramos vencer. Tras salir al exterior, avanzamos hacia un edificio contiguo donde de nuevo somos atacados. No sin dificultad logramos controlar la situación.

En uno de los patios de la mansión de Ministro de Guerra Wan, Cantha


Cuando nos disponemos a entrar en el siguiente edificio, aquello parece hecho para una trampa. Al entrar las puertas se cierran tras nosotros y un grupo numeroso de guardias se nos echan encima. La lucha se hace complicada pero usando la habilidad de “Rabia del Imperio del Dragón” salimos vivos.

Avanzamos de nuevo hacia la salida por el otro lado del edificio, y aparecemos en un estrecho pasillo con dos escaleras a cada lado que parecen llegar a un patio, la cantidad de enemigos vuelve a ser abrumadora. Tras buscar una estrategia para separarlos, logramos acabar con el grupo en tres veces, y por fin accedemos al patio. En las escaleras del siguiente edificio parece esperarnos alguien. Y parece que no va a dejarnos pasar. Dice ser Yuri la Mano y nos deja bien claro que efectivamente no cruzaremos el siguiente umbral.

Yuri, La Mano, asesino personal del Ministro de Guerra Wona

Ayudando a Talon Aladeacero, logramos frenar entre los dos a este asesino personal del Ministro de Guerra Wona. Tras acabar con el, el portón se abre y tenemos acceso al siguiente edificio.

Dentro parece que hay un grupo de estudiantes. Todos aparecen arrodillados ante su maestro. En cuanto aparecemos, el grupo se va dejando solo al anciano que nos mira desde el fondo de la sala. Se presenta como Riyo Yamaguchi, aunque le llaman Maestro Riyo. Es un entrenador de la guardia de élite, su lema: vive con honor. Muere con dignidad. Y también es Ritualista. Esto no pinta bien.

El Maestro Riyo Yamaguchi, entrenador personal del Ministro de Guerra Wona

Tras una confrontación entre los tres logramos vencerle. Es momento de acceder al final del edificio, donde espero por fin ver al ministro traidor.

Efectivamente, sobre un puente que lleva al otro edificio nos espera el ministro. Pero no está solo. De momento nos hecha encima a un grupo enorme de guardias, y dividirnos no parece posible. Sólo colocando espíritus, con la ayuda de Talon Aladeacero y usando en el momento justo la habilidad de Rabia del Imperio del Dragón, el grupo cae, pero prácticamente sin darnos tregua, nos dice que tendremos que luchar contra su guardaespaldas privado: la Capitana Sunpu Suraimaka cuyo lema es: la clemencia es para los débiles.

Capitana Sunpu Suraimaka, guardaespaldas personal del Ministros Wona

Tras acabar con ella, por fin podemos enfrentarnos al propio Ministro Wona Yurigi, que evidentemente no podía esperar que se rindiera sin pelear. Elementalista y con un afán demasiado grande por controlar el imperio nos ataca.

Ministro de Guerra Wona, Cantha

Cuando por fin es derrotado, Talon Aladeacero se siente orgulloso de haber acabado con aquella traición, y de que haya sido el Maestro Togo, un humano, quien luchara junto a él. Desde ese momento la paz está de por sí asegurada, quizás porque precisamente en la batalla se hacen amigos. Debido a aquella confrontación ambas razas, humanos y Tengu unificaron fuerzas.

No todos los Tengu estuvieron de acuerdo, pero si las facciones más grandes que firmaron la paz desde ese momento, y los que no la firmaron vieron en el Maestro Togo el humano en el que confiar para pedir consejo antes de acabar en guerra de nuevo.

Desde ese día, los humanos en Cantha no volvieron a luchar contra los Tengu de Cantha y la paz, dura hasta nuestros días.

Talon Aladeacero y el Maestro Togo

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Déjame Contarte una Historia: Turai Ossa

Durante los acontecimientos en los que ayudé a acabar con Varesh Ossa y su intento de traer de nuevo al mundo al dios Abaddon escuché historias sobre su antepasado, Turai Ossa. Curiosamente, Turai era todo lo contrario a lo que Varesh era o al menos acabó siendo.

Tuve la oportunidad en su momento de que me contaran cómo Turai venció en La Batalla da Jahai, pero no conocía mucho más al respecto, salvo el hecho de saber que el muerto viviente Palawa Joko es el dueño y señor de los dominios de La Desolación y que para poder cruzar este desierto sulfúrico, tuve que lograr convencerle para que me ayudara a cruzar el mismo usando a la Serpiente Junundu. También pude hablar con el ahora fantasma de Turai Ossa que en el Desierto de Cristal guía al aventurero para alcanzar la Ascensión.

Todo esto es la historia que hasta ahora conozco. Al hablar con Durmand uno de sus tomos estaba precisamente dedicado a éste héroe eterno para Elona. era la oportunidad perfecta para saber mucho más sobre él.

Hace doscientos años, Turai Ossa y Palawa Joko eran algo más que un muerto viviente o un simple soldado kurniano. Mientras Palawa Joko era un muerto viviente temido como nigromante y señor de La Desolación ya entonces, mantenía su reino en el lugar denominado Palacio de Huesos. Fue precisamente desde este lugar donde Palawa lanzó un ataque hacia Elona esperando conquistar más terreno fuera de sus propios dominios. Joko encontró la forma de rodear las defensas de Elona e intentar asediar al territorio de Vabbi. Por entonces, Elona estaba dividida: Vabbi, Kourna e Istan eran fuertes juntas, pero las fuerzas de Joko eran demasiadas. Los príncipes no se ponían de acuerdo en cómo hacer frente el problema tras el asalto a Vabbi, por lo que por separado, eran débiles ante las fuerzas de Joko. Ante la amenaza, los príncipes de Vabbi optaron por huir y ocultarse, y los Lanceros del Sol, la guardia de Istan no eran suficientes por sí solos ante tal amenaza.

Cuando Palawa Joko comenzó a avanzar hacia el sur, un movimiento de resistencia comenzó a fraguarse. El Mariscal Turai Ossa, había conseguido reunir fuerzas de todas las regiones, y pueblos al borde del río Elon. Decidió que aquel era el lugar perfecto para un contraataque. Colocó a todo su ejército en las extensas tierras cerca de la gran catarata, un lugar donde el valle se estrecha mucho. Aunque su ejército era grande, el de Palawa Joko era mucho mayor aún. Pero Turai Ossa tenía un plan, uno muy arriesgado, pero que si funcionaba, llevaría a sus hombres ante el propio Joko teniendo una oportunidad de acabar con él. El mariscal había hablado a un minero que conocía a la perfección las minas que atravesaban las colinas del Acantilado de Jahai. La ruta conducía exactamente a la retaguardia de Palawa Joko. Los exploradores que fueron enviados, volvieron asegurando que la retaguardia del señor espectral no estaba protegida. Así que el plan de Turai era simple: usar a un pequeño ejército de los mejores para llegar hasta allí mientras el resto de las tropas hacia frente a Joko como si aquella fuera la única forma. El propio Turai Ossa dirigiría a este grupo junto a un pequeño contingente kurniano, un grupo menor de Lanceros del Sol istaníes y un grupo de refugiados procedentes de la asediada y arrasada Vabbi. Las tres provincias libres estaban representadas en este pequeño ejército, mientras el resto de comandantes defenderían el frente de Joko al que ya se le conocía como El Azote de Vabbi, en el propio campo de batalla y aguantarían mientras esperaban la llegada del pequeño ejército del Mariscal aparecer por la retaguardia del enemigo.

La Gran Batalla de Jahai dependía ahora de ello.

Con el poder del tomo entregado, junto a la espada y escudo de Turai Ossa, soy transportado al lugar de reencuentro del pequeño ejército del mariscal transformándome en él para conocer su historia.


El enorme ejército puede verse desde lo alto del acantilado, es numeroso, pero no suficiente. Portando la espada y el escudo de Turai Ossa, nos preparamos para hacer la ruta a través del acantilado hasta la retaguardia de Palawa Joko.

El pequeño ejército avanzamos por la zona, que en un principio parece desierta. Pero no tardamos en encontrarnos a un pequeño destacamento menor. Tendremos que acabar con ellos para poder avanzar. Tras esa primera batalla menor, volvemos a seguir el curso del acantilado y avanzamos de nuevo hasta que vemos un campamento un poco más grande, repleto de corsarios, aliados del enemigo.


Tras conseguir atraerlos, logramos acabar con ellos en grupos menores para evitar se detectados. En ese momento volvemos a avanzar. Es justo en este momento cuando podemos ver desde nuestra privilegiada posición en el acantilado, como el ejército lucha abajo contra las tropas de Joko.


En esta parte el río Elon es mucho más estrecho aunque sus aguas son más salvajes. desde aquí ambos ejércitos se golpean. Seguimos avanzando por el acantilado hasta llegar a un paso con un puente de piedra, el lugar está vigilado por tres enormes gigantes que no nos permitirán avanzar. Habrá que ocuparse de ellos.


Tras conseguir vencerles avanzamos de nuevo. Cada vez estamos más cerca. Llegamos a una zona del acantilado con tres caminos, y tres puentes. Ambos están fuertemente custodiados. Si queremos alcanzar la retaguardia habrá que pasar por el lugar. Opto por evitar que la confrontación sea con todo el grueso de tropas. Tras atacar al primer grupo, hacemos lo propio con el siguiente. Si nada lo impide el tercer grupo ni se enterará de nuestra presencia y podremos seguir ascendiendo.

Pasado esta zona, el acantilado asciende hasta una zona con un puente de madera desde donde a aquella altura se puede ver a Palawa Joko dirigiendo a sus tropas. Es el momento esperado, mientras el pequeño ejército con el que he llegado hasta allí se lanza contra los escasos enemigos en la retaguardia, me dispongo a correr hacia el puente de madera para enfrentarme a Palawa Joko.


Palawa parece sorprendido de nuestra hazaña, aún así no va a rendirse de ninguna manera. Ambos tendremos que luchar y sólo uno y su ejército venderá en esta contienda. La suerte de toda Elona depende de la contienda y de la victoria por mi parte como Turai Ossa para ser de nuevo libres.

Tras una lucha mano a mano, me alzo vencedor de la misma. Palawa Joko cae desde lo alto del puente y tanto él como su ejército quedan derrotados en ese mismo momento. Tras aquella terrible derrota para el Azote de Vabbi, sus restos fueron enterrados bajo tierra en Elona usando un sello especial para evitar algo así de nuevo. Su tumba fue protegida desde ese mismo momento por la Orden de los Susurros.

Turai Ossa fue nombrado Rey de toda Elona y sus sucesores han reinado allí desde entonces. Kunai Ossa su hijo heredó el titulo de mariscal de Kourna, y su padre emprendió la gran peregrinación hacia el Desierto de Cristal para poder hacer la Ascensión y estar más cerca de los Dioses.

En Elona ha permanecido en silencio la tumba de Palawa Joko hasta que la Mariscal Varesh Ossa, descendiente de ambos, rompiera el sello para poder conocer los secretos de cómo cruzar La Desolación y así liberar a Abaddon. Para entonces Turai Ossa ya había muerto tras aprender el camino de la Ascensión que ahora enseña a otros héroes.

Pero toda esta historia ya forma parte de mi presente.

Déjame Contarte una Historia: Saul D’Alessio

Tras regresar a Kaineng para presentarle a Durmand el primer libro completado, allí mismo me decanté por el segundo. Quería conocer la historia de Saul D’Alessio, así que opté por seguir con ese nuevo tomo.

Sabía la información justa sobre este personaje tan importante en la historia de Tyria. Es más, lo es tanto que existe en Kryta un zona conocida precisamente con este nombre Litoral D’Alessio. La información que tenía sobre él es que fue el fundador del Manto Blanco. El mismo Manto Blanco que acabamos derrotando cuando ayudé a la Hoja Brillante a regresar al poder y hacer que la Reina Salma volviera al trono como legítima hereda.

Ahora tenía la oportunidad con este tomo de saber más sobre él. Curiosamente, sus principios no fueron buenos. Jugador y borracho, Saul vivía en Kryta y comenzó a tener deudas de juego demasiado importantes por lo que optó por comenzar a robar a los mercaderes entre Beetletun y Shaemoor para conseguir dinero y saldar sus cuentas. Aunque logró su objetivo, al final fue atrapado como ladrón y su pena fue el destierro. Para ello, tras vendarle los ojos, las autoridades lo acompañaron durante tres semanas y lo dejaron a su suerte lejos de Kryta.

Aquella fue la prueba definitiva para Saul que solo y perdido, vagó por un espeso bosque durante días sobreviviendo de la propia naturaleza. Cuando al cuarto día logró salir del bosque, el hambre le martirizaba y tuvo una visión: una ciudad de torres gigantes que se elevaban hasta el mismo cielo. El lugar estaba habitado por extrañas criaturas que jamás había visto. Eran altos y muy delgados, y a su espalda tenían unos extraños apéndices que se asemejaban a alas y se batían con el viento. Al caminar, estos seres parecían flotar porque no tocaban el suelo y su voz al hablar era pura melodía. Ante semejante visión, Saul se arrodilló ante ellos como si fueran dioses, y ellos al verlo, lo tomaron como un devoto discípulo.

Saul a partir de ese momento cambió por completo. Para cuando regresó a Kryta ya no portaba harapos, ni había vuelto a beber, jugar o robar. Ahora portaba una túnica blanca de pureza con hilos de oro. Su aspecto era también el de una persona diferente. Su vida tenía ya otro propósito diferente del que tenía cuando fue exiliado de Kryta. Había regresado a su hogar para difundir la palabra de sus dioses: Los Ocultos y revelarle su descubrimiento al resto de humanos de Kryta.

Pero su tierra estaba en guerra cuando llegó, una guerra civil entre clanes de humanos y otra cruenta guerra contra los Charr que tras arrasar Ascalon trataban de alcanzar Kryta también. Ante esta situación, y con los humanos diezmados debido a que los Charr habían comenzado a llegar a Kryta arrasándolo todo a su paso, Saul vio a su pueblo y les inculcó esperanza presentándoles a unos nuevos y poderosos dioses. la situación era tan crítica que muchos le siguieron sin tan siquiera tener pruebas de ellos, sólo la convicción de su existencia por parte de su principal discípulo.

No tardó demasiado en conseguir adeptos a su nueva fe. Saul y aquellos que fueron uniéndose a su causa peregrinaron por toda Kryta reclutando a más personas y ofreciendo una salvación en tiempos muy complicados. Saul les habló de la ciudad donde los dioses vivían, y de su gran poder y todos aquellos que se unían a él recibían su túnica blanca de hilos de oro. De esta forma, nació el Manto Blanco.

En poco tiempo Saul D’Alessio pasó a ser general de un grandísimo ejército dispuesto a todo para evitar el avance de los Charr. Saul regresó a primera línea enemiga en Kryta dispuesto a impedir definitivamente este avance. Y justo aquí, el poder del tomo entregado por Durmand debería llevarme en el tiempo a un momento concreto pero… el tomo me pide algo especial: quitarme mis propias armas y conseguir el Báculo de Saul D’Alessio. Algo que por desgracia no tenía.

Dado que tomé el libro en Kaineng, opté por buscar a Durmand en Kryta. Sea como fuere, Saul D’Alessio era de allí. Viajé a Arco de León y localicé a Durmand también en esta ciudad, al preguntarle aquí, el historiador me ofrecía el tomo, y el báculo. Tras armarme con el Báculo de Saul D’Alessio por fin podía arrancar su historia.

El comienzo de su aventura se produce en una aldea de Kryta llamada Demetra al norte de La Terraza de Nebo en la llamada Cuenca del Gigante y gracias al poder del tomo, me veo como el propio Saul D’Alessio: armado con su báculo y vestido con su túnica del Manto Blanco. Me acompaña un grupo de soldados: Hablion, Dorian, Thommis, Gisinger, Rebekah, Bruen y Jaemes. Cada uno tiene una profesión diferente. Todos ellos portan las mismas vestiduras y me siguen como líder.

Saul D’Alessio en Demetra, Kryta

Nada más entrar en la pequeña población, vemos que los Charr están entrando por la puerta contraria. Si no hacemos algo toda esta gente va a morir. Así que, armados y en grupo, avanzamos al centro de la aldea y la defendemos hasta que el último Charr cae.

Una vez nos hacemos con el control de la aldea, y tras dejar que las familias se despidan de los soldados, nos dirigimos todos a la puerta principal de la aldea ahora cerrada. Debemos acabar con los líderes Charr definitivamente.

En Demetra, Kryta

Hemos de ser cautos. No podemos matar a todos los Charr porque son demasiados así que la estrategia es localizar los campamentos donde están los líderes Charr pero no alertar a todas las tropas. Si acabamos con demasiados Charr alertaríamos de nuestra presencia y todo estaría perdido.

Tras cerrarse la puerta de la aldea tras nosotros comenzamos a avanzar por el camino tratando de evitar a toda costa a las patrullas. Estudiando cómo se mueven, procuramos en lo posible evitarlos. Cuando alcanzamos la zona más alejada, por fin vemos el campamento donde los jefes Charr principales se encuentra. Aunque en nuestro avance hemos tenido que acabar con algunos enemigos, no hemos alertado al resto. Accedemos al campamento por la parte trasera, y avanzamos de nuevo tratando de no ser vistos. Es el momento de atacar con todo. En cuanto nos acercamos Rox Reinodeceniza nos detecta, es ahora o nunca.

Campamento Charr principal, Kryta

Es justo en ese momento, cuando nos vamos a lanzar contra los Charr cuando Los Ocultos aparecen ante nosotros: Lázaro el Nefario, Optimus Caliph y Mercia el Presumido hacen aparición dispuestos a ayudarnos. Su aparición anima a los compañeros y además me entregan una habilidad más para poder usar junto a las que ya conozco con un poder increíble. Todos unidos luchamos contra las hordas de Charr que se nos echan encima. Lo que incluye a los tres jefes principales Zarpasdehollín y Fulgordeascua que aparecen para tratar de vengar a su ya compañero muerto: Reinodeceniza.

Lázaro el Nefario, Optimus Caliph y Mercia el Presumido, grupo de Los Ocultos aparecen para ayuda a Saul en su lucha

Preparados para la batalla, Kryta

Justo cuando cae el último de los jefes y la victoria es completamente nuestra, cuando todos gritamos en un sólo grito que Kryta es libre de la opresión Charr, los tres seres lanzan un ataque contra nosotros. El precio de su ayuda en aquella importante victoria pasa a tragedia: matan allí mismo a los más devotos de los creyentes de Saul ante sus propios ojos. Aquellos dioses no eran buenos, ni tampoco agradecidos ni benevolentes. Cuando todos caen, sólo queda vivo un grupo menor que es testigo de como los tres Ocultos se llevan a Saul con ellos. Luego los cuatro desaparecen.

Saul presencia como los tres Ocultos acaban con sus compañeros más devotos, Kryta

Una victoria amarga, el Manto Blanco impidió pues el avance de los Charr por Kryta, pero el precio de aquella ayuda fue terriblemente alto. Su líder, Saul D’Alessio desapareció aquel día y jamás fue visto de nuevo y los miembros del Manto Blanco que quedaron vivos y vieron lo ocurrido se habían quedado sin líder.

Tras aquellos sucesos los que quedaron tomaron el control de la orden propagando una historia totalmente distinta. Desde ese momento Saul D’Alessio se convirtió en mártir y fue asesinado por los Charr, aunque murió venciendo en la batalla que impidiera que estos avanzaran por Kryta.

Esta historia se propagó por toda Tyria. El Manto Blanco, aún con gran cantidad de adeptos, no podía permitirse flaquear. Habían vencido a los Charr, podían llegar mucho más alto. Mantuvieron a Saul D’Alessio como su leyenda, mantuvieron su devoción hacia Los Ocultos, que hoy sabemos que tampoco son lo que dicen ser. El Manto Blanco tomaría el control de Kryta y trataría de mantener el orden luchando con quien se opusiera a ellos, y eso incluía a la Hoja Brillante que protegía a la Reina Salma de morir y a la que comenzaron a perseguir para evitar que subiera al trono de Kryta. Ellos debían tener el control.

Y hoy, conozco su verdadera historia.

Déjame Contarte una Historia: Gwen

Libro con la Historia de Gwen

Hasta ahora no había tenido la oportunidad de hablar con el anciano Durmand sobre todas las aventuras vividas en Tyria desde que comenzara mi andadura. O al menos, no de todas las que hubiera querido.

Hasta ahora había oído hablar del Historiador Durmand como aquel que conoce grandes relatos, y del que esperaba que algún día el mío también formara parte. Lo había visto en Arco de León cuando le entregara a Gordon Ecker mi tomo completo de “Las Profecías del Buscador de la Llama” que cargué conmigo durante meses para completarlo. Con tanta ida y venida había olvidado por completo volver en algún momento para saludarle. Y precisamente, cuando viajé estos días a Kaineng para ofrecer mi ayuda al Ministerio de Pureza que ahora se ocupa de la limpieza de los Apestados, topé con él por casualidad y me detuve para saludarle. Lo que no esperé es que el historiador krytense me reconociera inmediatamente y se ofreciera a relatarme una historia.

Tras indicarme que podía elegir cual iba a contarme, me advirtió que eligiera la que eligiera sería tan intensa que podría vivirla. Tras mirar la lista de libros a mi disposición me decanté primero por conocer más sobre Gwen.

Hasta ahora mi conocimiento sobre ella en general eran del presente, de lo que había pasado durante los meses en que estuve en el norte preparándonos junto a la Vanguardia de Ébano. Durmand me daba ahora la posibilidad de conocer más sobre Gwen, o más bien lo que viviera aquella niña que conociera antes de la terrible devastación de Ascalon.

El poder de los libros en Tyria es increíble, son capaces de transportarte al pasado. Así que nada más abrir el libro se me pidió algo muy concreto: no podía llevar conmigo aliados, ni héroes… y tampoco podía llevar conmigo armas. Bueno, de momento todo parecía unas vacaciones ¿no?

Con apenas diez años, la Devastación arrasó Ascalon. Lo recuerdo perfectamente, yo estuve allí. Perdí de vista a aquella niña que jugaba con una capa y una flauta a la salida de la ciudad mientras buscaba flores de Iris Rojas y que en alguna ocasión me acompañó por el mero hecho de correr una aventura. Con la Devastación nunca volví a saber de ella hasta que viajé al lejano norte, a las Montañas Picoescalofriantes, donde al alcanzar El Museo de Monumentos, una joven muchacha se presentó ante mi con un grupo de soldados de la Vanguardia de Ébano. La reconocí en cuanto me dijo su nombre, y tiempo después, mientras buscábamos a la Vanguardia perdida tras las líneas enemigas Charr conocí su rencor hacia esta raza.

El día en que los chamanes Charr arrasaron Ascalon, Gwen perdió todo lo que tenía. Ella pudo huir de allí pero vagó sola entre las ruinas de su propio pueblo sin lograr encontrar a nadie con vida. Pero con quien sí se topo, fue con los Charr.

Los Charr no mataban a los humanos más jóvenes que lograban atrapar, los convertían directamente en esclavos. Durante siete años, la pequeña Gwen de apenas diez, sufrió trabajos duros bajo el azote de sus captores. Viendo como otros como ella, ascalonianos también atrapados, morían en esas mismas circunstancias. Ella aguantó durante siete años ese encierro, su odio hacia los Charr la mantuvo viva. Y Gwen esperó su oportunidad, una en que sin dudarlo usó para huir de su encierro. Alcanzó las tierras salvajes esperando ser por fin libre pero los Charr la atraparon, y arrepentidos por haberla dejado viva decidieron acabar con ella. Pero no antes de divertirse a su costa.

Celdas en la Arena de Territorio Charr

Y ese terrible día llegó. Tras despertar en una de aquellas celdas al ser de nuevo atrapada, el Duque Gaban le advirtió de lo que iba a pasar. Los Charr habían preparado a un Devorador de Asedio con el que tendrían que enfrentarse. Y así fue, Dahgar, el Ojo de Llama se llevó primero Gaban que nunca regresó y tras él, fue a buscarla permitiéndola salir de su celda para acabar en un circulo de arena con un enorme Devorador de Asedio que comenzó a lanzarla rocas mientras los Charr se divertían del espectáculo.

Gwen miró a su alrededor. Tenía que haber una salida. Aquel no podía ser su fin.

Lucha contra el Devorador de Asedio en la Arena Charr

Era el devorador o ella… y entonces vio un punto débil. Una de las columnas junto al enorme animal parecía a punto de derrumbarse. Usando la fuerza obtenida de sus años como esclava, recogió las rocas que el propio animal salvaje le lanzaba tratando de protegerse de sus lanzamientos. Pero en vez de apuntarle a él, optó por lanzar las enormes rocas contra el pilar debilitado. Tras varios intentos logró su objetivo. El pilar cayó, aplastando al devorador y abriendo un hueco en el muro, era el momento de correr y de hacerlo tan rápido como pudiera.

Tras acceder a un túnel abierto corrió bajo lo que parecían las ruinas de un templo antiguo en donde sin duda los Charr lo habían mancillado. Tras pasar un gigantesco umbral siendo perseguida por un grupo de Charr localizó un pedestal y al activarlo la puerta de acceso quedó sellada. Los Charr fuera reían, moriría en aquel lugar porque no tenía salida.

Cripta de Ascalon en Territorio Charr

Vagó por los túneles del lugar, topándose con varios fantasmas que parecían atrapados allí en una lucha continua con los Charr que también habían fallecido allí abajo. Además de tumbas, Gwen localizó varios pedestales que guardaban el poder de los conjuros de un Hipnotizador que sin duda había muerto hacía tiempo. Gwen aprendió cada conjuro, y lo hizo de tal forma, que le permitió avanzar por las ruinas hasta alcanzar su cámara central.


Y una vez allí ayudó con su nuevo poder adquirido a los fantasmas de la cripta gigantesca en su eterna lucha contra los Charr también fantasmas, que los atormentaban. Gracias a ello, y tras conseguir encender una pira de fuego con otra que ya estaba encendida, los fantasmas la guiaron a la única salida de aquel lugar.


Y allí estaba, ante la gigantesca extensión de territorio Charr y al fondo las Montañas Picoescalofriantes donde quizás, encontrara la libertad.

Debía avanzar hasta el único camino que conducía allí esquivando patrullas. Usando las ruinas para esconderse, y usando sus conocimientos de hipnotizadora aprendidos en las ruinas de las que había escapado, Gwen avanzó luchando por su vida. Si era atrapada de nuevo, nada la salvaría.

Tras una carrera vertiginosa en pos de la libertad, Gwen alcanzó el acceso a las Montañas Picoescalofriantes antes de que los Charr lograran atraparla de nuevo. Avanzó penosamente por el paso de montaña hasta dar por casualidad con un grupo de humanos libres, un grupo de soldados ascalonianos que apostados en aquel lugar hacían incursiones en territorio Charr estando en ese momento tras las líneas enemigas. Se hacían llamar La Vanguardia de Ébano y su líder era la Capitán Langmar que al ver a Gwen no dudó un segundo en ayudarla.

Capitana Langmar y la Vanguardia de Ébano

La dieron cobijo, y curaron sus heridas. Y ella se unió a las tropas de la Vanguardia de Ébano como una más para luchar contra los Charr y devolverle a Ascalon su antigua libertad.

Aprendió desde la esclavitud a ser una luchadora nata. A no dejarse vencer por la adversidad. Aprendió a odiar y a usar ese odio para sobrevivir, y aprendió también a perdonar al débil e indefenso. El miedo dejó de ser su enemigo y se convirtió en su aliado.

Y su lucha junto a la Vanguardia de Ébano a partir de aquí, ya la conocemos.